El Rey*

Llaman al timbre y voy a abrir. Es mi vecina María con cara de angustia: “¡Antoniaaaa! – le grita a mi madre des de la entrada-, es la niña, que dice que no quiere comer, que ha muerto el Rey y que ya nada tendrá sentido a partir de ahora…”. La vecina María, mi madre y yo subimos las escaleras sin esperar siquiera al ascensor. María José, la “niña-adolescente de 15 años” en cuestión, está llorando y gimoteando en la cama de sus padres. Mi madre y su madre me empujan desde la puerta de la habitación y cierran la puerta.

Yo me acerco a la cama, me siento en el filito y le pregunto con voz queda: “¿qué te pasa, María José?”. Ella, con el aire de suficiencia que da tener seis años más, me espeta: “¡No lo entiendes! ¡Él ha muerto!”. Y yo, con menos voz que antes, le vuelvo a interrogar: “¿Él? ¿Quién?”. Ella se incorpora en la cama y me contesta con voz dramática: “Elvis, el Rey”. “¡Ahhh!”- exclamo yo, intentando poner voz y cara de saber del tema. María José me coge de la mano con una mueca del tipo “es que hay que explicarlo todo” y me conduce a su habitación, se acerca a su tocadiscos portátil, coge uno de los muchos discos del estante bajo, lo coloca en el plato y empieza a sonar Love me tender.

Esta anécdota tiene 30 años y fue mi primera experiencia cercana del fenómeno “fans” y también de quién era El Rey del Rock, aunque todavía me faltaban unos años para conocer a otra fan mucho más fan de Elvis: Isabel, mi profesora de bordado a máquina, que entre cordoncillo y agujas me puso al día de la biografía más oculta de Elvis, en la que Priscilla, su exmujer, tenía el papel de mala y sus colaboradores más cercanos de mafiosos; pero también me guió a través de toda su discografía y del mito.

*Artículo que aparecerá en La Voz de Castelldefels de Septiembre

Author: Carme Sánchez Martín

Co-directora de l' @InSexBcn i col·laboradora de @donesenxarxa . M'apassionen les TIC's i la Psicologia/Sexologia.

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